Archivo del 22 febrero, 2012

Olvidarse del nombre de familiares, amigos, conocidos, compañeros de trabajo o cualquier persona, puede implicar distintos factores. Puede ser el alto nivel de estrés enfrentado en el momento de hablar con la persona, tal vez la timidez de interactuar, o simplemente usted es alguien olvidadizo (a) y no se acuerda del nombre en ese momento.

 

Lo cierto es que al olvidarse del nombre de alguien, esa persona ha pasado a ser un individuo anónimo.

 

Llamar a las personas por su nombre tiene un significado muy grande principalmente para quien lo escucha.

 

Llamando a cada uno por su nombre, de un modo sencillo le estamos reconociendo inmediatamente su dignidad de persona, su singularidad, su identidad.

 

¿Cómo te sientes cuando alguien a quien ves seguido no se sabe tu nombre?

¿Cómo crees que haces sentir a una persona cuando le llamas por su nombre?

¿De qué otra forma puedes hacer sentir importante a quienes te rodean?

¿Tratas a los demás como te gustaría ser tratado?

 

Jesús llamaba a las personas por su nombre y transmitía amor.

Llamo a Zaqueo y él se arrepintió de sus pecados y tuvo un encuentro con Dios.

“¡Lázaro!”.  Gritó Jesús, y Lázaro resucitó.

Llamó por su nombre a Simón Pedro y le mostró amor tras la triple negación.

Llamó por su nombre a Marta y le hizo ver lo que era más importante.

María Magdalena, pasó de la tristeza más honda a la alegría más grande.

 

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