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Muchas personas se preguntan por qué no logran salir adelante aún buscando a Dios. Algunas de las razones pueden ser: orgullo, altanería, prepotencia, viven apoyadas en su propia sabiduría, en la fuerza de su brazo. Pero Dios solo puede escuchar y bendecir a alguien cuando es humilde de espíritu y depende de Él.
La Biblia relata la historia de un rey llamado Manasés, el cual era hijo de Ezequias. A comparación de Manasés, Ezequías fue un rey que hizo lo recto delante de los ojos de Dios, él acabó con la idolatría que había en Israel. Obtuvo victorias en todo lo que hacía, porque Dios era con él, debido a que él dependía de Dios.
El rey Ezequías nunca hizo las cosas conforme él pensaba que estaba bien, todo lo realizó bajo la orientación del Espíritu Santo. Para poder progresar, avanzar y vencer en nuestra vida esta es la clave, seguir la dirección del Espíritu Santo.
Manasés no siguió el ejemplo de su padre e hizo lo malo ante los ojos de Dios. Todo lo que su padre había hecho de bueno, él lo destruyó. “Porque volvió a edificar los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a Baal, e hizo una imagen de Asera, (…) y adoró a todo el ejército de los cielos, y rindió culto a aquellas cosas. Asimismo edificó altares en la casa del Señor. (…) E instituyó encantadores y adivinos, multiplicando así el hacer lo malo ante los ojos del Señor…”. (2 Crónicas 33:3-6).
La maldad de Manasés le causó miseria, problemas y sufrimientos para todo pueblo. “Y puso una imagen de Asera que él había hecho, en la casa de la cual el Señor había dicho a David y a Salomón su hijo: Yo pondré mi nombre para siempre en esta casa, y en Jerusalén, …”. (2 Crónicas 33:7). Dios habló con Manasés a través de Sus profetas, pero él no hizo caso, por ser el rey y tener autoridad, él pensaba que podía hacer todo lo que él quisiera. Pero de un momento a otro Manasés perdió todo, se quedo sin nada, todo se derrumbó.
Manasés tuvo muchas oportunidades para tener un reinado exitoso, pero él no buscó a Dios. Posteriormente sus enemigos lo apresaron, y fue reclutado como animal encadenado, así, él fue humillado. Pero después él reconoció todo lo malo que había hecho delante de Dios y se humilló delante Él. “Mas luego que fue puesto en angustias, oró al Señor su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres. Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que el Señor era Dios”. (2 Crónicas 33:12-13).
Desafortunadamente a veces la persona tiene que pasar por angustias y sufrir para que ella pueda reconocer a Dios. Cada uno de nosotros tenemos la oportunidad de vencer, conquistar y salir adelante, si hacemos caso a la voz de Dios. Él le extendió la mano a Manasés, a causa de que este se humillo ante Su presencia, Dios fue misericordioso con él. Quizás usted se pregunta, ¿cómo alguien que ha hecho tantas cosas abominables, Dios le perdona?, pero cuando uno se humilla y con sinceridad se arrepiente delante de Dios, Él extiende Su mano y nos perdona.
Si usted hizo muchas cosas malas, terribles en su pasado, y usted se arrepiente, se humilla delante de Dios, Él le va a perdonar, Lo va a escuchar, Le va a extender Su mano y Le va a sacar adelante. Basta que usted sea sincero con Él, no interesa como usted fue en el pasado. Si invoca el nombre del Señor Jesús, todo su pasado será borrado y todo se hará de nuevo en su vida. Dios los bendiga.
Obispo Paulo Roberto.
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Confiar en Dios, usar la fe, entregarnos a Él y perseverar, forma parte de nuestra batalla diaria para alcanzar la realización de nuestros sueños. Todo momento Satanás intenta destruirnos y desanimarnos, para que desistamos, pero cuando se vive por la fe, no se desiste del objetivo.
Un ejemplo de perseverancia y que a pesar de todas las contrariedades no se dio por vencido fue José. Su padre era Jacob y este le tenía en gran aprecio, pero sus hermanos no, muy por el contrario le tenían envidia. Sucedió que José tuvo un sueño y lo contó a su padre y hermanos, pero sus hermanos lo aborrecieron y le envidiaron aún más, pensaron en matarlo, pero después decidieron venderlo como esclavo. (Génesis 37:1-11).
Dios le había dado la visión a José de lo que quería hacer en su vida. Dios quería engrandecerlo, pero por supuesto que José tendría que hacer su parte. Y para esto él tenía que luchar y actuar de acuerdo a la Palabra de Dios. Así como Dios dio un sueño a José, Dios ha dado un sueño a cada uno de nosotros. Pero hubo un gran error que cometió José y que por igual muchos de nosotros solemos hacer y fue que José contó su sueño a la familia. Cuando se tiene un sueño, es mejor no compartirlo, porque puede ser que a quienes lo contemos no estén en la misma fe y es ahí que surgen las palabras negativas, las cuales dan lugar a las dudas.
A pesar de José haber sido vendido como esclavo, él no perdió la confianza en Dios, no dejó de perseverar, y hacía las cosas con un corazón sincero. Sea en la posición que nosotros nos encontremos no podemos dejar de hacer lo mejor para Dios. Aún siendo José un esclavo, era un hombre prospero porque él hacía lo recto delante de Dios. Todo parecía avanzar bien en la vida de José, pero como Satanás no descansa y siempre busca la manera de destruirnos, usó a la esposa de su amo quien provocaba a José. Pero como José era de Dios, a causa de esto la rechazó. José fue tentando, pero él resistió y venció. La mujer al ser rechazada, acusó a José falsamente. José fue puesto en la cárcel. (Génesis 39:1-20).
Al parecer José había perdido toda oportunidad, pero Dios sabía quién era él y siempre estuvo con él. José nunca renegó contra Dios por lo que estaba aconteciendo, porque él tenía la certeza de que aún pasando tantas adversidades, Dios estaba con él. Para que el hombre de Dios conquiste él tiene que resistir, delante del pecado, de las tentaciones y de las injusticias.
¿Qué debemos hacer delante de las dificultades, obstáculos y persecuciones? ¿Vamos a desistir y dejar de luchar por nuestro sueño? De ninguna manera, pero Satanás siempre va a trabajabar para que nosotros nos desanimemos. Por eso, solo aquellos que están dispuestos a sacrificar y a pagar un precio pueden conquistar la realización de sus sueños.
Estando José en la cárcel, le fue confiado el cuidado de los presos. Ahí estaban el copero y el panadero del rey, los cuales José les interpretó sus sueños. Cuando el copero fue libre José le pidió que tuviera misericordia y se recordara él. Al cabo de 2 años el copero se recordó de José y fue llamado para interpretar el sueño del rey. (Génesis 40:1-23, 41:1-38).
El rey puso a José como gobernador de Egipto (Génesis 41:38-48). Dios hizo una promesa para José, pero él tuvo que saber esperar la respuesta de Dios y finalmente fue honrado. De igual manera, todo en nuestra vida tiene un proceso. No se puede lograr una transformación de la noche a la mañana, porque para lograrla es necesario el esfuerzo, la renuncia y la confianza.
Algo más que hizo José, fue perdonar a su familia, José era de Dios y por esto él no guardaba ningún rencor en contra de sus hermanos. (Génesis 45:4-5). Si usted tiene un sueño, luche para realizarlo, y además, mantenga su corazón limpio como lo hizo José, persevere, determine, no desista, no se desanime delante de las palabras negativas, no retroceda, siga en la fe y en su determinado momento Dios le dará la victoria y hará su sueño realidad. Dios los bendiga.
Obispo Paulo Roberto.
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Para no retroceder en la fe, es necesario que no miremos para las dificultades y los problemas, para esto hay que apoyarse en la Palabra de Dios. Cuando se presentan los problemas hay que verlos como oportunidades para manifestar nuestra fe.
Un ejemplo de esto fue el rey David. En una ocasión había salido con sus hombres del campamento y cuando regresaron a la ciudad se encontraron con que los enemigos se habían llevado cautivos a las mujeres, los hijos, se llevaron todo lo que ellos tenían, despojaron el campamento y prendieron fuego en todo, quemaron la ciudad. (1 Samuel 30:1-3).
Esta situación llevó a David al llanto y a la angustia. Él no aceptaba que sus enemigos se hubieran llevado todo lo que les pertenecía. David y la gente con que él estaba alzaron su voz y lloraron hasta que les faltaron las fuerzas para llorar. (1 Samuel 30:4).
Quizás esta sea la situación que usted está viviendo. Tal vez en este momento usted se encuentre como David en aquel día, y usted llora por algún problema que está viviendo. Como seres humanos que somos es natural que nos sintamos preocupados por una mala situación que estamos viviendo, pero de ninguna manera nos podemos dejar vencer por las emociones y los sentimientos o quedar postrados delante de la situación. No podemos olvidarnos que tenemos un Dios que es mayor que nuestros problemas, Él es Dios de los imposibles. Es en los momentos de angustia y de aflicción que más se necesita usar la fe y ponerla en acción.
Pero David halló fortaleza en el Señor. (1 Samuel 30:6). David recobró fuerzas, él buscó a Dios, buscó de Su dirección, no negó la fe, no se desanimó, no se quedo postrado, él actuó la fe, y este es el camino para que podamos vencer las luchas de la vida.
David habló con Dios, diciéndole: ¿perseguiré a esta bando de salteadores? ¿Los podré alcanzar? Él le dijo: -Síguelos, porque ciertamente los alcanzaras, y de cierto librarás a los cautivos. (1 Samuel 30:8). La Palabra de Dios es siempre una palabra de fe, una palabra de vida. Dios siempre tiene la solución, pero muchas veces nos falta valor para perseguir nuestras metas y para luchar apoyados en la Palabra de Dios.
Era una situación difícil, complicada, los enemigos eran muy fuertes, pero David recobró ánimo, no se desanimo, él siguió luchando, perseverando hasta alcanzar a sus enemigos. Dios le dio la victoria, recuperó todo lo que le habían quitado, él alcanzó la victoria, porque él hizo su parte. (1 Samuel 30:16).
Es solamente cuando uno sacrifica, renuncia y lucha que uno puede recobrar fuerzas hasta lograr la conquista. Si usted quiere un cambio para su vida, la salvación para su familia, usted tiene que luchar por eso. No podemos quedar postrados si queremos vencer, hay que esforzarse, sacrificar, determinar y perseverar. Es decir, para vencer es necesario tener un espíritu de lucha, fortalecerse en la fe, asumir un compromiso con Dios, entregarse y aferrarse a Él, vivir por la fe, no mirando para las dificultades. Dios los bendiga.
Obispo Paulo Roberto.
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La fe es un don con el cual el ser humano nace. La fe en Dios nos lleva a creer, a depender y a tener certeza de que Sus promesas se cumplirá en nosotros, haciendo nuestros sueños realidad. La vida de uno no cambia de la noche a la mañana todo es un proceso, es por esto la importancia de permanecer en la fe, para entonces poder ver las grandezas de Dios en nuestra vida.
La Palabra de Dios dice: “No perdaís, pues vuestra confianza, que tiene grande galardón”. (Hebreos 10:35). Cuando se manifiesta la fe, es también necesario mantenerse en ella, esto significa que hay que confiar que Dios hará la obra en nuestra vida. Solo así, se conquista el galardón que es la recompensa y la respuesta de Dios. Es ahí que lo imposible, se torna posible.
“Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”. (Hebreos 10:36). Hay que saber esperar con paciencia, con perseverancia, seguro que lo que usted pidió a Dios, usted lo va a lograr. Un ejemplo de paciencia, perseverancia y permanencia fue Moisés. Él manifestó la fe, y se reveló en contra de la situación y de Faraón, abandonando Egipto. Moisés renunció a la gloria de Egipto, a los tesoros y se fue para el desierto, no fue de inmediato que las cosas acontecieron, tiempo después él volvió a Egipto y liberó al pueblo, todo fue un proceso. En el desierto él vivió con dificultades, tuvo que trabajar y luchar.
Cuando Moisés subió al Monte Sinaí, él no tenía cosa alguna, porque había sacrificado todo. Había sacrificado el trono de Egipto y las riquezas, prefiriendo vivir en el desierto. En lo posterior Moisés se casó y comenzó a ser pastor de las ovejas de su suegro. En el Monte Sinaí, Dios se le apareció y habló con él, y cuando descendió estaba revestido del poder del Espíritu Santo, él descendió como un líder y como héroe. Moisés ahí tomó una decisión, entregó las ovejas a su suegro y se fue a Egipto movido con el fuego del Espíritu Santo.
Moisés fue a liberar al pueblo de la exclavitud del Egipto, pero, Faraón se resistió y oprimió más al pueblo. El pueblo se molestó quejándose con Moisés que él los había ido a liberar y al parecer las cosas estaban empeorando. Satanás estaba furioso, a causa de que sabía que sus días estaban contados y que el pueblo sería liberado. Moisés volvió a insistir guiado por Dios, pero Faraón seguía resistiéndose, no quería dar la libertad al pueblo. Dios envió plagas a Egipto y en la décima plaga Faraón ya no soportó más y comenzó a entregar todo, oro, plata y muchas otras riquezas. Moisés y el pueblo salieron con muchas riquezas de Egipto. Moisés conquistó mucho más de lo que había sacrificado y se tornó líder de una gran nación. Pero todo eso no aconteció de un día para otro, todo fue un proceso.
No podemos mirar con los ojos físicos, vivir con las emociones o con sentimientos, hay que permanecer en la fe y confiar en que Dios responderá. Satanás siempre va a trabajar para sembrar la duda, para intimidarnos, poner obstáculos para que desanimemos y nuestra fe desmaye. No se puede desistir del objetivo planteado. Hay que permanecer firmes para obtener las promesas de Dios.
Obispo Paulo Roberto.
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“Los ojos del señor contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de aquellos que tienen su corazón perfecto para con Él”. (2 Crónicas 16:9). El tener un corazón perfecto no significa que no vamos a tener errores. Tener un corazón perfecto es ser sinceros delante de Dios. Él mira nuestro interior, si en realidad hay un deseo sincero de agradarlo, servirlo y de hacer su voluntad.
Un ejemplo de esto fue el rey David. Dios envió al profeta Samuel que fuera a la casa de Isaí y ungiera a uno de sus hijos como rey. Al llegar a la casa, Samuel se equivocó al pensar a quien debería ungir como rey. En aquel momento Samuel se dejó llevar por la apariencia física de uno de los hijos de Isaí. Pero Dios le dijo a Samuel que ese no sería el rey, pues Dios no ve como ve el hombre. El hombre ve el exterior, pero Dios ve el corazón. Cuando David llegó a casa, Dios dijo a Samuel: ‘Levántate y úngelo, porque este es’. (1 Samuel 16:12). Ante los ojos humanos, en David no había nada que pudiera llamar la atención de Samuel, pero Dios estaba mirando su interior.
David tenía un corazón sincero, puro y entregado a Dios. Samuél tomó el cuerno con aceite y lo derramó sobre la cabeza de David y este fue lleno del Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo descendió sobre David, su vida cambió por completo a partir de aquel momento, él se convirtió en un nuevo hombre. David también pasó por adversidades, luchas, dificultades, injusticias, etc. Pero no hubo nada que pudiera prevalecer sobre David, porque la presencia de Dios estaba con él.
Cuando la persona está llena del Espíritu Santo, el mal no puede prevalecer. Satanás siempre va a intentar dañar a aquellos que han sido ungidos por Dios, pero aún pasando por adversidades, ellos vencen todos los problemas que vengan sobre su vida. ¿Quiénes son los verdaderos vencedores? No son aquellos que conquistan simplemente los beneficios materiales. Sino los que conquistan en primer lugar las cosas espirituales, como un encuentro con Dios, a través de un corazón sincero. La prioridad en la vida de todo aquel que busca de Dios, debe ser tener un encuentro con Él.
Dios está siempre listo para perdonar, para salvar, para hacer todo nuevo, no importan los pecados que se hayan cometido en la vida. Si usted tiene un corazón sincero con Dios, se arrepiente de todo lo malo que usted hizo y está dispuesto a cambiar, Él le perdona, purifica su vida y Satanás nunca más podrá prevalecer sobre su vida, porque el Espíritu Santo será su guía permanente. Que Dios lo bendiga.
Obispo Paulo Roberto.
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“Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño”. (1 Corintios 13:11). El apóstol Pablo se refiere al crecimiento espiritual, dándonos a entender que en la vida cristiana, al igual que todo en la vida, las cosas también deben crecer.
Lo normal es que, con el pasar del tiempo el cristiano vaya adquiriendo la madurez en su fe. Por su puesto que esto no se obtiene de un día para otro, por lo tanto debemos buscar siempre el crecimiento espiritual, a través de nuestras experiencias con Dios.
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El cristiano siempre sufrirá persecuciones, ofensas e injurias. Sería muy fácil ser cristiano y no ser perseguido. Sin embargo aquellos que son de Dios no deben inquietarse con las opiniones de terceras personas, sino solamente con lo que Dios piensa de ellos. Lo importante es estar en paz, en armonía con Dios. Si las demás personas están en desacuerdo es dilema de ellas. La salvación es algo sumamente personal y su vida espiritual es particularmente suya. Nada, ni nadie puede interponerse en su relación con Dios.
Puedo imaginar cuantas personas se encuentran sufriendo en este momento y no encuentran una salida para sus problemas. Tales personas solo tienen dos alternativas: Continuar padeciendo, o buscar la salida, la salvación en Jesús. Al optar por la segunda opción, es necesario que el individuo se desprenda de sus tradiciones religiosas, de sus doctrinas que de un modo general las iglesias imponen. Ya en las enseñanzas del Señor Jesús es necesario vivir por la fe.
También es imprescindible aceptar las instrucción de las cosas de Dios de igual forma que lo haría un niño. Jesús nos enseña que, aquel que no acepta el reino de Dios como un niño, no podrá entrar en él, la pregunta es: ¿Los niños tiene maldad en su corazón? Cuando imaginamos a un niño, ¿Qué es, lo que nos viene a la mente? A caso no es: pureza, incorrupción, integridad y ningún tipo de malicia.
Es necesario que usted medite en su vida, pues mucha gente aún está indecisa. Hay quienes hasta frecuentan una iglesia, pero aún no tomaron la decisión de seguir al Señor Jesús. Son personas que todavía no saben lo que quieren. Y mientras no haya una actitud de fe, Dios no podrá actuar en sus vidas. Es por esa razón que muchas personas acuden a la iglesia pero no son bendecidas. Y hay quienes hasta culpan a la iglesia o a los pastores. Pero, tales sujetos se olvidan que su corazón aún está lleno de dudas, lo cual les impedirá rotundamente de alcanzar las bendiciones de Dios en sus vidas.
Usted necesita tomar una decisión, asumir definitivamente su fe en el Señor Jesús, liberarse de sus preceptos, de sus doctrinas religiosas, y entregarse de cuerpo alma y espíritu al Señor Jesús. Para que entonces, Dios pueda actuar. Dios espera que nosotros le abramos la puerta de nuestros corazones, Él no va a entrar en nuestra vida sin ser invitado, Él espera por esta invitación. Él aguarda el momento en que le entreguemos nuestra vida. Y cuando lo hacemos, entonces Él con absoluta libertad encuentra espacio y nos bendice.
Obispo Paulo Roberto.
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Dios escucha el clamor de quien clama y responde mediante Su gracia y misericordia. Cuando uno se humilla delante de Dios, reconociendo nuestros errores y confesando nuestros pecados, entonces Dios nos cubre con su misericordia y viene sobre nosotros. Pero cuando existe arrogancia y orgullo, Dios no puede bendecir, pues, tales personas se consideran muy justas.
El Señor Jesús en una ocasión refirió una parábola acerca del fariseo y el publicano en la cual los dos subieron a orar al templo. Los fariseos eran los religiosos de aquella época, tenían mucho conocimiento acerca de la Palabra de Dios, eran considerados justos delante de los hombres, mientras que los publicanos eran considerados pecadores y ladrones.
Cuando los dos subieron a orar, el fariseo se consideraba mejor y perfecto delante de Dios, mientras el publicano pedía perdón a Dios por todos sus pecados. (Lucas 18:9-14). El Señor Jesús dijó que aquel publicano fue más justo que el fariseo. Porque aquel que se humilló, buscó de la Presencia de Dios, rasgó su corazón y a causa de esto fue justificado. Mientras que en la vida del fariseo no aconteció nada.
Lo que torna posible la respuesta de Dios en la vida de una persona, es humillarse delante de Él, reconociendo los pecados y faltas, porque esta escrito: “Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. (Mateo 23:12).
Cuando la persona se considera superior a los demás, esto impide que Dios actúe en la vida de ella, pero si la persona reconoce que también ella tiene pecados, tiene errores y se humilla delante de Dios, reconociendo que necesita de la ayuda de Él, el Espíritu Santo vendrá sobre la vida de esa persona y hará una obra grande en ella. Dios los bendiga.
Obispo Paulo Roberto.
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“Comenzó a reinar Ezequías siendo de veinticinco años. (…) E hizo lo recto ante los ojos del Señor”. (2 Crónicas 29:1,2). La primera decisión que Ezequías tomó, fue restablecer el culto al Señor, él tomó medidas espirituales, puso en primer lugar a Dios. “En el primer año de su reinado, (…) abrió las puertas de la casa del Señor, y las reparó. E hizo venir a los sacerdotes y levitas, y los reunió en la plaza oriental. Y les dijo: ¡Oídme, levitas! Santificaos ahora, y santificad la casa del Señor el Dios de vuestros padres, y sacad del santuario la inmundicia. Porque nuestros padres se han rebelado, y han hecho lo malo ante los ojos de Señor nuestro Dios…”. (2 Crónicas 29:3-6). Para que todos pudieran volverse a Dios, Ezequías mandó primeramente a limpiar la casa de Dios, porque el altar estaba contaminado de idolatría.
“Ahora, pues, yo he determinado hacer pacto con el Señor, el Dios de Israel”. (2 Crónicas 29:10). Cada uno de nosotros representa un santuario para Dios, y si queremos tener un encuentro con Él, una vida con éxito, prospera y feliz en todos los aspectos, es fundamental primeramente hacer un pacto o una alianza con Dios. Y el primer paso debe ser purificarnos delante de Él.
Un pacto es una sociedad, donde dos personas se unen, comprometiéndose a ser fieles el uno con el otro en todas las circunstancias. De igual manera es cuando uno realiza un pacto con Dios, uno hace del Señor Jesús, el único en su vida, comprometiéndose a ser fiel permanentemente. Cuando se tiene una alianza con Dios, Él le cuida, le protege, guía sus pasos, bendice su vida en todos los aspectos, porque Él pasa a ser el dueño de su vida.
Ezequías tomó la decisión de hacer un pacto con Dios, y comenzar a vivir por la fe. De igual manera Ezequías convocó al pueblo a buscar a Dios, a ponerlo en primer lugar y ser obedientes. A consecuencia de esto vino la paz y la abundancia sobre el pueblo.
De la misma manera como aconteció con Ezequías y su pueblo, puede acontecer en su vida, si usted asume un compromiso con Dios. Al dar este paso, hay que buscar en primer lugar a Dios, ser fiel a Él y perseverar, pues, es paso a paso que usted va a vencer todas las adversidades. Si usted asume este pacto, usted puede estar tranquilo, vivir en paz, y tener la seguridad de que Dios nunca le va a desamparar. Dios los bendiga.
Obispo Paulo Roberto.
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“Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo, y sucedió que cuando el demonio salió, el mudo habló; y las multitudes se maravillaron. Pero algunos de ellos dijeron: El echa fuera los demonios por Beelzebú, príncipe de los demonios”. (Lucas 11:14,15).
Todos pudieron captar la malicia y el veneno de estas palabras. Los enconados adversarios del Señor sabían bien cómo insinuar con astucia que todo cuanto Jesús hacía erá por instigación satánica. En una palabra, que estaba asociado con el mismísimo príncipe de las tinieblas, y que por permiso demoníaco podía expulsar demonios. Nunca en este mundo faltan mentes tan obtusas y mediocres como verdad indiscutible. Al oír esto, que Jesús echaba fuera demonios “por Beelzebú”, el espíritu de la desconfianza se dispuso a entrar en las mentes de los mediocres. Jesús reaccionó con indignación y firmeza; haciendo uso de la potestad suprema con que se enfrentaba a las potencias del mal, dijo:
“Pero conociendo Él sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado y una casa dividida contra sí misma, es derrumba. Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá en pie su reino? Porque vosotros decís que yo echo fuera demonios por Beelzebú”. (Lucas 11:17,18).
Nadie pudo replicar. Enmudecieron los críticos, y cerraron su boca los murmuradores, pero Jesús tenía algo más que añadir Había hablado del príncipe de las tinieblas, y Él tenía algo que dar a conocer al mundo. Usó de una parábola.
“Cuando el hombre fuerte, bien armado, custodia su palacio, sus bienes están seguros. Pero cuando uno más fuerte que él lo ataca y lo vence, le quita todas sus armas en las cuales había confiado y distribuye su botín”. (Lucas 11:21,22).
Está bien claro. El fuerte es evidentemente Satanás, cuyo reino de maldad ha estado establecido en el mundo, cuyo señorío nefasto impone sobre toda criatura humana. Pero, ¿quién es el llamado más fuerte? ¿Quién es el que le vence, le quita todas sus armas en que confiaba y reparte su botín? ¿Quién en este mundo, entre los nacidos de mujer, se ha mostrado más fuerte que Satanás y le ha vencido? ¿Quien jamás a podido desarmar al príncipe de la tinieblas? ¡Solo Cristo ha podido hacerlo y lo ha hecho! Liberar a los que habían gemido inermes bajo posesión demoníaca fue su misión.
La misma autoridad para liberar a los oprimidos por el diablo, Jesús le ha dado a los nacidos de Dios, a todos los que toman posesión de Su promesa que dice, que, las mismas obras y aún mayores que las que Él hizo, las harían.
Escrito extraído del libro: Fe para vencer
Autor: Obispo Paulo Roberto
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