Reflexiones

Olvidarse del nombre de familiares, amigos, conocidos, compañeros de trabajo o cualquier persona, puede implicar distintos factores. Puede ser el alto nivel de estrés enfrentado en el momento de hablar con la persona, tal vez la timidez de interactuar, o simplemente usted es alguien olvidadizo (a) y no se acuerda del nombre en ese momento.

 

Lo cierto es que al olvidarse del nombre de alguien, esa persona ha pasado a ser un individuo anónimo.

 

Llamar a las personas por su nombre tiene un significado muy grande principalmente para quien lo escucha.

 

Llamando a cada uno por su nombre, de un modo sencillo le estamos reconociendo inmediatamente su dignidad de persona, su singularidad, su identidad.

 

¿Cómo te sientes cuando alguien a quien ves seguido no se sabe tu nombre?

¿Cómo crees que haces sentir a una persona cuando le llamas por su nombre?

¿De qué otra forma puedes hacer sentir importante a quienes te rodean?

¿Tratas a los demás como te gustaría ser tratado?

 

Jesús llamaba a las personas por su nombre y transmitía amor.

Llamo a Zaqueo y él se arrepintió de sus pecados y tuvo un encuentro con Dios.

“¡Lázaro!”.  Gritó Jesús, y Lázaro resucitó.

Llamó por su nombre a Simón Pedro y le mostró amor tras la triple negación.

Llamó por su nombre a Marta y le hizo ver lo que era más importante.

María Magdalena, pasó de la tristeza más honda a la alegría más grande.

 

Un muchacho le dijo a su padre que quería ser un buen líder, y le preguntó cómo podía lograrlo…

 

El padre le respondió que lo primero que tenía que hacer era estar consciente de su conducta. Que cada vez que sintiera que había hecho daño a una persona, clavará un clavo en la cerca de su casa. El hijo aceptó el reto y empezó a tomar mayor conciencia de sus actos.

 

Siguiendo el consejo de su padre, comenzó a poner clavos con el martillo cada vez que hacía daño, maltrataba  a una persona, o no la respetaba. Entonces preguntó a su padre: “¿Y ahora qué hago?”.

 

El padre le respondió que por cada acto de buen servicio que realizase y de respeto a las personas, sacara un clavo de la cerca. El hijo nuevamente aceptó el reto y empezó poco a poco, a sacar los clavos. Pues ya era más consciente y además ahora se dedicaba a ayudar a las personas. Así que en poco tiempo logró sacar todos los clavos. Contento, se acercó donde su padre quizás con un poco de soberbia y le dijo:

 

“¡ He terminado !”.

“¡Logré sacar todos los clavos! Finalmente he aprendido a ser una mejor persona, un BUEN LÍDER”.

Sin embargo, le surgió una duda y dijo: “¿Ahora qué haremos con todos los huecos que dejaron los clavos en la cerca?”.

 

El padre le respondió: “Están allí para recordarte siempre que en tu camino de aprendizaje, dejaste una huella de dolor en la gente y que gracias a su entrega, comprensión y colaboración. Ahora puedes ser la persona que eres”.

 

Llegar a concentrarnos como buenos lideres, implica un trabajo, en el que se crece cultivando la autoestima, visión, solidaridad, equilibrio y capacidad de aprehende a dirigirse a otros con educación, respeto y siempre conscientes, que una actitud incorrecta deja marcas en los demás.

 

 

La materia física llega a su fin, la pregunta es: ¿y el alma a dónde va?

 

Hay diversas creencias con relación al paradero del alma de los muertos.

 

Unos dicen que se va directo al cielo, al infierno o al purgatorio.

 

Otros creen que va a reencarnar en un ser que nace.

 

Y hay quienes opinan que simplemente todo se termina y deja de existir para siempre.

 

El relato de la parábola del rico y Lázaro muestra claramente que solo hay dos lugares a donde se va el alma, uno es un lugar de tormento eterno y otro de descanso eterno:

 

Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.

Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.

En el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.

Entonces, gritando, dijo: “Padre Abraham, ten misericordia de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama”.

Pero Abraham le dijo: “Hijo, acuérdate de que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado.

Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quieran pasar de aquí a vosotros no pueden, ni de allá pasar acá”. Lucas 16, 19-31.

 

La elección es de cada uno de nosotros, donde queremos pasar la eternidad. Esto se decide mientras uno vive,  por medio de las actitudes diarias hacemos nuestra elección.

 

 

Cuando Dios llama a una persona para que Lo sirva Él no lo hace por casualidad. Las personas esforzadas, determinadas y valientes son las que llaman la atención de Dios, siempre fue así y siempre lo será

 

 

-Cuando Dios llamó a Moisés, estaba ocupado con sus ovejas en el monte Horeb

 

-Cuando llamó a Gedeón, estaba sacudiendo el trigo en una era

 

-Cuando buscó a Saul, estaba buscando las asnas de su padre

 

-Cuando llamó a Eliseo, estaba arando con doce yuntas de bueyes

 

-Cuando llamó a David, estaba apacentando las ovejas de su padre

 

-Cuando llamó a Nehemías, estaba sirviendo al rey

 

-Cuando llamó a Amós, estaba pastoreando sus ovejas

 

-Cuando llamó a Pedro y a Andrés, estaban echando las redes al mar

 

-Cuando llamó a Juan y a Santiago, estaban aderezando sus redes

 

-Cuando llamó a Mateo, estaba cobrando impuestos

 

 

Ninguno, estaba desocupado, pasando el tiempo sin hacer nada.

 

 

Y usted ¿se considera una persona esforzada, que llama la atención de Dios con sus actitudes?

 

Alguna vez te has preguntado. ¿Porqué algunas personas vencen en la vida, mientras que otras van de fracaso en fracaso?

 

La vida es el reflejo de los actos de cada individuo, fundamentalmente cada uno ha hecho lo que ha querido.

 

Sin embargo, amargarse con los propios fracasos y cargárselos a otros es común. Es necesario dejar de ser víctima de las adversidades, porque cada ano es su propio destino.

 

Nunca es tarde para aceptar el reto de edificarte a ti mismo y tener el valor de empezar corrigiéndote. El triunfo surge de las actitudes, tomando como experiencias los propios errores.

 

No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, así como la causa de tu futuro será tu presente.

 

Aprende de los audaces, de los fuertes, de quienes no acepta situaciones adversas y toman actitudes para cambiarlas, de quienes vivirán a pesar de todo.

 

Aprende a usar tu fe, a levantarte y a ser más grande que el más grande de los obstáculos.

 

Nunca esperes en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados.

 

Recuerda que Dios nos ha dado libre albedrío para decidir como queremos vivir cada día y en el futuro.

 

 

Una palabra irresponsable: puede encender discordias y fuegos difíciles de apagar…

 

Una palabra cruel: puede arruinar y derribar todo lo que se había edificado en una vida…

 

Una palabra de resentimiento: puede matar a una persona, como si le claváramos un cuchillo en el corazón…

 

Una palabra brutal: puede herir y hasta destruir la autoestima y la dignidad de una persona…

 

Una palabra amable: puede suavizar las cosas y modificar la actitud de otros…

 

Una palabra alegre: puede cambiar totalmente la fragancia y los colores de nuestro día…

 

Una palabra oportuna: puede aliviar la carga y traer luz a nuestra vida…

 

Una palabra de amor: puede sanar el corazón herido.

 

Porque las palabras tienen vida.

Son capaces de bendecir o maldecir, de edificar o derribar, de animar o abatir, de transmitir vida o muerte, de perdonar o condenar, de empujar al éxito o al fracaso, de aceptar o rechazar…

 

¿Cómo hablamos a los demás? ¿Qué les transmiten nuestras palabras?

¿Qué me digo a mí mismo? ¿Hacia dónde me conduce mi dialogo interno?

 

El Señor Jesús dijo: “Yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio, pues por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”. (Mateo 12:36,37)

 

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