Reflexiones
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En alguna ocasión habremos visto como duermen los pájaros en las ramas o en los finos palos de los árboles sin caerse. ¿Cómo es esto posible? La lógica hace pensar que en algún momento el peso vencerá y caerán a un lado u otro. Sin embargo, los pájaros han conseguido desarrollar un ingenioso sistema que impide que esto se produzca.
Esto es debido a un sistema de sujeción automática que les permite dormir en las ramas, sin riesgo de perder el equilibrio y precipitarse al suelo. Cuando el ave se detiene en una rama y flexiona la parte posterior de la planta de su patita, el tendón flexor hace que los dedos se replieguen y se aferren fuertemente a la superficie.
La rodilla doblada es lo que le da al pájarito la fuerza para mantenerse firme.
Al despertar, el ave salta de la rama tras liberar el mecanismo de sujeción y comienza su maravilloso vuelo.
Que cosa tan increíble hizo el creador para que los pájaros se puedan sostener, pero no es tan diferente con los humanos. Cuando alguna dificultad nos amenaza y nos quiere hacer caer, nuestra mayor estabilidad nos surge cuando doblamos nuestras rodillas en oración.
Si usted en algún momento de su vida se siente atrapado en los problemas que le hacen perder la paz y la alegría. No se entregue al desanimo, haga del Señor Jesús su mejor amigo y cuéntele todo lo que le está sucediendo, pues Él quiere fortalecerle y bendecirle. Recuerde todo lo que nace de rodillas, nace para permanecer de pie.
Es Él quien renueva sus fuerzas y su fe. Si Él cuida de un pájarito, imagínese lo que Él puede hacer por usted, pues usted es lo más lindo que Dios tiene es este mundo, baste que usted crea en esto. “Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros”. (1 Pedro 5:7).
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Había un ciego sentado en un parque, con una gorra a sus pies y un cartel escrito a donde decía: “POR FAVOR AYÚDEME, SOY CIEGO”.
Un creativo de publicidad que pasaba frente a él, se detuvo y observó unas pocas monedas en la gorra. Sin pedirle permiso tomó el cartel, le dio vuelta, y escribió otro anuncio. Volvió a poner el cartel sobre los pies del ciego y se fue.
Por la tarde el creativo volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna. Ahora su gorra estaba llena de billetes y monedas. El ciego reconociendo sus pasos le preguntó si había sido él quien reescribió su cartel y sobre todo, qué que era lo que había escrito allí.
El publicista le contestó: —Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras.
Sonrió y siguió su camino. El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía: “ESTAMOS EN PRIMAVERA, Y… YO NO PUEDO VERLA”
Cuando algo no le está saliendo bien, deténgase y piense cómo podría hacer para cambiar de TÁCTICA, puede ser que las cosas resulten mejor de otra manera. E incluso en su vida con Dios, de pronto haca mucho tiempo que ha intentado resolver un problema por medio de la oración pero nada cambia, por lo tanto es momento de hacer algo más en relación a su vida con Dios.
Además, esto también podemos aplicarlo en nuestra vida diaria, en la convivencia con los demás, una mala actitud se puede corregir, diciendo lo mismo, pero con distintas palabras, con distinta expresión.
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Estaba un día Diógenes plantado en la esquina de una calle riendo como un loco.
- «¿De qué te ríes?», preguntó un transeúnte.
- «De lo necio que es el comportamiento humano», respondió.
- «¿Ves esa piedra que hay en medio de la calle? Desde que llegué aquí esta mañana diez personas han tropezado con ella y la han maldecido, pero ninguna de ellas se ha tomado la molestia de retirarla para que no tropezaran otros con ella.”
(Popular)
Estemos siempre listos para hacer el bien en favor de nuesro prójimo.
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Un hombre se hallaba en el tejado de su casa durante unas inundaciones y el agua le llegaba a los pies. Poco después, pasó un individuo remando en una canoa y le gritó:
- “¡Oiga! ¿Quiere que le lleve a un sitio más alto?”.
- “No, gracias – replicó el hombre -. Tengo fe en el Señor y Él me salvará”.
Pasó el tiempo, y el agua le llegaba al hombre hasta la cintura. Entonces pasó por allí una lancha de motor.
- “¿Quiere que le lleve a un sitio más alto?” -gritó el que la llevaba.
- “No, gracias – respondió el hombre -. Tengo fe en el Señor y Él me salvará”.
Más tarde, cuando el nivel del agua le llegaba hasta al cuello del individuo, llegó un helicóptero.
- “¡Cójase a la cuerda – gritó el piloto -. Yo le subiré”.
- “No, gracias – dijo el hombre por tercera vez -.Tengo fe en el Señor y Él me salvará”.
Desconcertado, el piloto dejó a aquel hombre en el tejado, casi cubierto por las aguas. Después de haber pasado horas allí, el pobre hombre no pudo resistir más, se ahogó y fue a recibir su recompensa.
Mientras aguardaba en las puertas del Paraíso, se halló frente al Creador y se quejó de lo ocurrido:
- “Señor – le dijo -, yo tenía total fe en que Tú me salvarías y me abandonaste. ¿Por qué?”
A lo cual le replicó el Señor: – “¿Qué más quieres? ¡Te mandé dos lanchas y un helicóptero”.
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Un hombre que tenía un grave problema de miopía se consideraba un experto en evaluación de arte. Un día visitó un museo con algunos amigos. Se le olvidaron las gafas en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no le frenó en manifestar sus fuertes opiniones.
Tan pronto entraron a la galería, comenzó a criticar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo:
–El marco es completamente inadecuado para el cuadro. El hombre esta vestido en una forma muy ordinaria. En realidad, el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar para su retrato. Es una falta de respeto.
El hombre siguió su parloteo sin parar hasta que su esposa logró llegar hasta él entre la multitud y lo apartó discretamente para decirle en voz baja:
–Querido, estás mirando un espejo.
Moraleja: Tardamos en reconocer y admitir nuestras propias faltas, que parecen muy grandes cuando las vemos en los demás.
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El maestro preguntó al discípulo: – ¿Por qué no adoras a los ídolos?
El discípulo respondió: – Porque el fuego los quema.
- Entonces adora al fuego. – En todo caso adoraría al agua, capaz de apagar al fuego.
- Adora entonces al agua. – En todo caso adoraría las nubes, capaces de apagar el fuego.
- Adora las nubes. – No, porque el viento es más fuerte que ellas.
- Entonces adora el viento que sopla. – Si debiera adorar al viento, adoraría al hombre que tiene poder de soplar.
- Adora entonces al hombre. – No, porque muere.
- Adora la muerte. – Lo único digno de adorarse es el Dueño de la vida y de la muerte.
El maestro alabó la sabiduría del discípulo.
Anónimo judío
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Se atrevido y valiente.
Reconoce tus errores
Cuídate de quien no tenga nada que perder.
Mira a los ojos a las personas.
Di “gracias” y “por favor” con frecuencia.
Trata como quisieras que te trataran.
Haz nuevas amistades y cultiva las viejas.
No dudes en perder una batalla, si esto te lleva a ganar la guerra.
No tomes decisiones cuando estés enojado.
Nunca hables de negocios en un elevador.
No pagues un trabajo hasta que esté concluido.
No aplaces las cosas. Haz lo que sea preciso en el momento preciso.
Gasta menos de lo que ganes.
Aprende a escuchar. A veces las oportunidades tocan muy seguido a la puerta.
Haz oídos sordos a los malos comentarios.
Cuando tengas un limón, siempre procura hacer con el una limonada.
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Olvida los días nublados, pero no olvides tus horas de sol ni tus noches estrelladas.
Olvida los momentos en que fuiste derrotado, pero no olvides las batallas que has ganado.
Olvida los errores que no puedes cambiar, pero no olvides las lecciones que has aprendido ni lo tanto que enseñas.
Olvida los días en que has estado solo y triste, pero no olvides las sonrisas que has encontrado y tantas que encontrarás.
Olvida los planes que fallaron, pero NUNCA olvides que debes tener siempre un sueño.
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Había en una ciudad un cierto joven y a donde quiera que él fuese, llevaba consigo una jaula, la cual contenía varias especies de pájaros con muchos males. Había pájaros sin alas, unos sin picos, y otros sin plumas, pájaros totalmente entregados al sufrimiento. Un día apareció en aquella ciudad un hombre muy rico y viendo a aquel joven con la jaula, se aproximó y le dijo:
—Oye chico, ¿por qué encierras a esos pájaros? ¿Por acaso ellos son tuyos? ¿Y si son tuyos, por qué están heridos? ¿Los encontraste así? ¡Suelte a esos pájaros, que ellos pertenecen a Dios!
El joven miró al hombre y le dijo: —Yo sé que todo pertenece a Dios, inclusive estos pájaros, yo no los encontré así y tampoco los obligué a entrar en mi jaula. Apenas hice una trampa, y ellos aceptaron, y cuando ya aceptan, pasan a ser míos. Por eso, yo tengo derecho a hacer lo que quiera con ellos.
El hombre le dijo: —¿Entonces quiere decir que fuiste tu el que los hirió?
Dijo el joven: —¿Está viendo aquel que no tiene pico? Yo se lo arranqué, para que no pueda comer más. Mire aquel que no tiene alas, yo se las quebré para que no pueda volar en la jaula. Y aquel de ahí, no tiene plumas, se las saqué para que sienta mucho frío.
El hombre viendo la situación de los pájaros, le hizo una propuesta y pagó un precio altísimo por ellos.
Su propósito era cuidar de sus dolencias, dar amor y devolverles el derecho de la libertad.
De igual forma el diablo tiene una gran jaula en las manos y dentro de ella, hay personas dolientes y mendigas, matrimonios separados, muchos en los vicios, homicidas, ladrones, en fin, personas completamente destruidas.
El diablo sabe que todo pertenece a Dios, hasta las personas que él tiene enjauladas, pero él, no las pude forzar a entrar en la jaula, apenas las incentiva. Al matrimonio en crisis le muestra otra pareja. Al vicioso le muestra las adicciones, al desesperada el suicidio, etc.
Pero, Jesús vino al mundo con un propósito, Él nunca se envolvió con el pecado, sino que pagó un alto precio por la vida de cada persona para sacarla de esa jaula de sufrimiento. No siga enjaulado, acuérdese de la plena libertad que Cristo conquistó en la Cruz por usted.
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La historia del bambú japonés
No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego. También es obvio que quien cultiva la tierra no se impacienta frente a la semilla sembrada.
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla debidamente.
Durante los primeros siete años no sucede nada apreciable con la semilla, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber sembrado semillas infértiles.
Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡mas de 30 metros!
¿Tardó sólo seis semanas en crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.
Durante los primeros siete años de aparente inactividad,este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento, que iba a tener después de siete años.
“Muchas cosas en la vida cotidiana son iguales al bambú. Trabajas, inviertes tiempo, esfuerzo, haces todo lo que puedes para nutrir tu conocimiento y algunas veces no se ve nada durante semanas, meses o años.
Pero si tienes paciencia para continuar trabajando, persistiendo y entiendes que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo, tu base será firme para grandes conquistas.
El bambú japonés nos enseña que no debemos fácilmente desistir de nuestros proyectos y de nuestros sueños… En nuestro trabajo o misión, delante de las dificultades que surgirán. Trata de cultivar siempre dos buenos hábitos en tu vida: la persistencia y la paciencia, ¡para que logres alcanzar todos tus sueños!
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