Se acuerdan ustedes lo que le sucedió a Sansón, quien fue el hombre más fuerte de la Biblia, pero no usó la fe con la inteligencia, no buscó una mujer que fuera escogida y ungida por Dios, sino que buscó a una mujer pagana que creía e invocaba a otros dioses y no al Dios de Israel, y por dejarse influenciar por los sentimientos esa mujer lo llevo a la destrucción. Sansón terminó ciego espiritualmente y físicamente, sus ojos fueron arrancados por los filisteos acabó siendo esclavizado por sus sentimientos y destruyó su propia vida porque no obedeció la Palabra de Dios.
Como también fue el caso del propio Salomón que además de tener tanta sabiduría y de ser muy rico, no supo dominar sus sentimientos y no hizo caso a la Palabra de Dios, tomó la decisión equivocada y buscó a mujeres que Dios había dicho que no buscara, la Biblia dice en 1 Reyes 11:1 que … el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las hateas; gentes de las cuales el Señor había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas se juntó Salomón con amor. Y esto hizo que Salomón en su vejez cayera en el pecado de la idolatría y se inclinara a dioses falsos, lo que desagradó a Dios e hizo que el reino de Israel se destruyera.
Verifique como es importante uno encontrar la persona cierta para su vida, una persona que sea ungida de Dios, preparada por Dios, que tenga el mismo espíritu, la misma fe. Porque si uno no halla la pareja correcta, y acaba juntándose a una persona equivocada, más tarde o más temprano la persona acabará fracasando en la fe, aunque ella sea muy fuerte como Sansón y tenga mucha sabiduría o muchas riquezas como Salomón, ella acabará siendo destruida por sus sentimientos.
Si usted considera que su vida sentimental es muy importante, si usted reconoce que mientras no sea feliz en el amor, no podrá ser una persona realizada, completa, porque no hay éxito en la vida que pueda hacernos felices si no estamos bien en la vida sentimental y usted está dispuesta a luchar para que este problema se resuelva y usted encuentre la felicidad en el amor, la persona amada, la persona preparada por Dios para usted, o la restauración de su matrimonio, usted va a luchar por eso. Si Sansón y Salomón hubiesen tenido la visión que Abraham tuvo, si hubieran buscado en Dios la persona cierta para sus vidas, no hubieran tenido el fin que tuvieron. Siga el ejemplo de Abraham, siga el ejemplo de fe, la actitud de confianza en Dios que él tomo al buscar la mujer ideal para su hijo, dependa de Dios para encontrara la persona correcta, escogida por Él y usted será feliz en su vida sentimental. Que Dios le bendiga
Obispo Paulo Roberto.
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Dice una linda leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y que en un determinado punto del viaje discutieron y uno de ellos abofeteó al otro. Este, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: “Hoy mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro”.
Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, pero su amigo de inmediato lo salvo de morir ahogado.
Al recuperarse el amigo tomó un estilete y escribió en una piedra: “Hoy mi mejor amigo me salvó la vida”.
Intrigado, y muy sorprendido el amigo pregunto: ¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora que te salve escribes en una piedra?
Sonriendo, el amigo respondió: “Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y del perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo. Por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo”.
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Era Abraham ya viejo, y bien avanzado en años; y el Señor había bendecido a Abraham en todo. (Gn 24:1). Vea usted que maravilla, nos llama la atención esta palabra, Dios había bendecido a Abraham en todo. Él fue bendecido en su salud, no era un hombre enfermo, él murió en dichosa vejez, no murió enfermo, él tuvo una familia bendecida, era feliz con su esposa, la amaba mucho y era amado por ella, tuvo un hijo en su vejez, venció a todos sus enemigos, fue muy rico, y ¿por qué Dios le bendijo de esa manera? Porque Abraham anduvo en la presencia de Dios, en todo él obedeció la voz de Dios, y porque obedeció, también fue bendecido por Dios, es como dice la ley de Newton: “A toda acción corresponde una reacción en sentido contrario con la misma intensidad”, es decir con la misma intensidad que yo me entrego a Dios, Él se entrega a mí, con la misma intensidad que me vuelvo hacia Él, Él se vuelve hacia mí. La verdad es que el éxito en la vida depende de las decisiones que tomamos, todo lo que uno siembra uno cosecha, sea bueno o sea malo, es una ley natural de la vida, y Abraham escogió el camino cierto, él se entregó, se lanzó, nunca dudó de la Palabra de Dios, siempre fue fiel en todo y Dios también le bendijo en todo.
Abraham como padre tenía una preocupación, él quería que su hijo Isaac encontrara una mujer de Dios, una mujer que tuviera la misma fe, que creyera en el mismo Dios, porque sabía que el futuro de su hijo dependería mucho de su casamiento, de casarse con la persona cierta, es como dice en proverbios: El que halla una esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia del Señor. (Pv 18:22). Abraham llamó al siervo más viejo de su casa, el cual era el que gobernaba en todo lo que tenía Abraham, el siervo más fiel y lo envió con una misión muy importante de encontrar una esposa para su hijo, pero lo hizo jurar que no tomaría para su hijo mujer de las hijas de los cananeos, sino que iría a su tierra, a su parentela y de allá tomaría mujer para su hijo Isaac. Abraham sabía que si su hijo se casaba con una mujer de Dios, una mujer fiel a Dios, ella sería fiel a su hijo también y ellos estarían en la misma fe, la fe de él no sería contaminada por alguna mujer idólatra, una mujer que creía en otros dioses, y con eso estaría preservando su fe y garantizando su futuro y su salvación.
Abraham tuvo la dirección de Dios, la revelación que, el éxito de su hijo dependía de encontrar la persona cierta para casarse, y dijo a su siervo: El Señor Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me habló y me juró, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tu traerás de allá mujer para mi hijo. (Gn. 24:7). Vea la confianza que Abraham tenía en Dios, Él estaba seguro que en aquella tierra encontraría una mujer preparada por Dios para su hijo.
Y el siervo de Abraham fue a buscar esposa para su hijo. Y él fue justamente en la fuente, en el pozo, que en aquella época era el lugar de encuentro, era el lugar donde las mujeres iban a buscar agua y los hombres iban para encontrar las mujeres. Era como el centro comercial, o el cine en los días de hoy, pero en aquella época no existían estas cosas. El siervo de Abraham llegando al pozo y él oró a Dios en aquel lugar, (oró a Dios en el pozo) pidiendo su dirección, su ayuda para que El Señor le mostrara la persona cierta. (Y será en este mismo lugar, en este mismo pozo, que vamos a buscar la bendición de Dios para su vida sentimental).
Y dijo: Oh Señor, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham. He aquí yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua. Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea ésta la que tú has designado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor. Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había nacido a Betuel, hijo de Milca mujer de Nacor hermano de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro. Y la doncella era de aspecto muy hermoso, virgen, a la que varón no había conocido; la cual descendía a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía. Entonces el criado corrió hacia ella, y dijo: Te ruego que me des a beber un poco de agua de tu cántaro. Ella respondió: Bebe, señor mío; y se dio prisa a bajar su cántaro sobre su mano, y le dio a beber. Y se dio prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos. Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si el Señor había prosperado su viaje, o no. Y cuando los camellos acabaron de beber, le dio el hombre un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban Diez. Y yendo a la casa de la doncella, habló con la familia acerca de su misión y de la oración que había hecho a Dios en el pozo que le sirvió de señal. Entonces Labán y Betuel respondieron y dijeron: Del Señor ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno. He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho el Señor. Cuando el criado de Abraham oyó sus palabras, se inclinó en tierra ante el Señor. Y sacó el criado alhajas de plata y alhajas de oro, y vestidos, y dio a Rebeca; también dio cosas preciosas a su hermano y a su madre. (Gn 24: 50-53).
Cuando el siervo de Abraham llegó con Rebeca y ella vio a Isaac ellos se enamoraron y se casaron y fueran muy felices. Ir a aquel pozo fue una revelación de Dios, tanto para el siervo de Abraham como para Jacob el hijo de Isaac quien después también en aquel pozo encontró a Raquel, la mujer de su vida. Y Dios ha dado esta revelación al obispo Macedo para ir a este pozo a buscar la bendición de Dios para su vida sentimental, su vida matrimonial.
Nosotros como el siervo de Abraham vamos con esta misión para buscar en este pozo, el pozo de Jacob, vamos a hacer este largo viaje con la fe, y la certeza que encontraremos la respuesta de Dios para su vida, desde aquel pozo vamos a traer la esposa cierta o el marido cierto para su vida, para que usted encuentre la felicidad en el amor. O quizás usted que ya está casado (a), pero no es feliz, en lugar de su hogar ser un pedazo del cielo, usted vive en un pedazo del infierno, porque en su casa solo hay pleitos, vicios, borracheras, golpes, malos tratos, usted se siente una persona infeliz, frustrada, su sueño se ha tornado una pesadilla, usted tiene depresión, sin ganas de vivir a causa de la situación que está viviendo, y quizás no se ha separado por causa de sus hijos, su casamiento es una cruz pesada que usted está cargando, pero por la fe esa situación va a cambiar, vamos con esta misión para buscar en el Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob la solución para su problema sentimental.
Obispo Paulo Roberto.
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Se cuenta que alguna una vez, en Inglaterra, existía una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Una de sus tiendas favoritas era una en donde vendían vajillas antiguas. En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita. “Me permite ver esa taza?”. Pregunto la Señora, “nunca he visto nada tan fino como eso!” En cuanto tuvo en sus manos la taza, escuchó que la tacita comenzó a hablar.
La tacita le comentó: “Usted no entiende! Yo no siempre he sido esta taza que usted esta sosteniendo! Hace mucho tiempo yo solo era un montón de barro amorfo.
Mi creador me tomo entre sus manos y me golpeó y me amoldó cariñosamente.
Llego un momento en que me desespere y le grite: “Por favor!! Ya déjame en Paz!” Pero mi amo solo me sonrió y me dijo: “aguanta un poco mas, todavía no es tiempo.” Después me puso en un horno. Yo nunca había sentido tanto calor! Me pregunté porque mi amo querría quemarme, así que toqué la puerta del horno. A través de la ventana del horno pude leer los labios de mi amo que me decían “aguanta un poco mas, todavía no es tiempo.” Finalmente se abrió la puerta. Mi amo me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara.
“Así esta mucho mejor!”. Me dije a mi misma. Pero apenas y me había refrescado cuando mi creador ya me estaba cepillando y pintándome. El olor de la pintura era horrible! Sentía que me ahogaría! “Por favor detente!”. Le gritaba yo a mi amo; pero el solo movía la cabeza haciendo un gesto negativo y decía “aguanta un poco mas, todavía no es tiempo.”
Al fin mi amo dejó de pintarme; pero esta vez me tomó y me metió nuevamente a otro horno! No era un horno como el primero; sino que era mucho mas caliente! Ahora si estaba segura que me sofocaría! Le rogué y le imploré a mi amo que me sacara! Grité, lloré; pero mi creador solo me miraba diciendo “aguanta un poco mas, todavía no es tiempo.”
En ese momento me di cuenta que no había esperanza! Nunca lograría sobrevivir a ese horno! Justo cuando estaba a punto de darme por vencido se abrió la puerta y mi amo me tomó cariñosamente y me puso en una repisa que era aún más alta que la primera. Allí me dejó un momento para que me refrescara.
Después de una hora de haber salido del segundo horno, mi amo me dio un espejo y me dijo: “Mírate! Esta eres tu!”. Yo no podía creerlo! Esa no podía ser yo! Lo que veía era hermoso! Mi amo nuevamente me dijo:
“Yo se que te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos; pero si te hubiera dejado como estabas, te hubieras secado. Se que te causó mucho calor y dolor estar en el primer horno, pero de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado. También se que los gases de la pintura te provocaron muchas molestias, pero de no haberte pintado tu vida no tendría color. Y si yo no te hubiera puesto en ese segundo horno, no hubieras sobrevivido mucho tiempo, porque tu dureza no habría sido la suficiente para que subsistieras. Ahora tu eres un producto terminado!
Eres lo que yo tenía en mente cuando te comencé a formar!”.
Moraleja:
Dios nunca te va a tentar ni te va a obligar a que vivas algo que no puedas soportar. Dios sabe lo que está haciendo con cada uno de nosotros. El es el artesano y nosotros somos el barro con el cual el trabaja. Él nos amolda y nos da forma para que lleguemos a ser una pieza perfecta y podamos cumplir con su voluntad.
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La Biblia describe a un hombre que estaba entre los fariseos que se llamaba Nicodemo. Él era un principal entre los judíos, un hombre muy religioso y un profundo conocedor de la ley. Este hombre observaba los milagros que Jesús hacía, por lo que se percató que nadie podía hacer tales, si no estuviera Dios con él por lo tanto fue a encontrarse con Él. Nicodemo fue en busca del Señor Jesús de noche, ya que no quería ser visto por sus amigos, en la verdad por nadie, no quería ser criticado o motivo de burla.
Nicodemo le dijo a Jesús: —Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tu haces, si no está Dios con él. Le respondió Jesús: —Nicodemo, de cierto, de cierto te digo que el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios. (Juan 3:2,3). En aquel momento Nicodemo no entendió nada. Esto significa que de nada sirve que la persona tenga conocimiento bíblico, una religión, sea tradicional, o reconozca que Jesús es el Señor… Si ella no tiene un verdadero encuentro con Dios, ella no comprenderá las cosas espirituales.
Nicodemo contestó: —Señor, ¿cómo puede nacer un hombre ya siendo viejo. Puede acaso volver al vientre de su madre y nacer de nuevo, nacer otra vez. (Juan 3:4). Él estaba pensando en un sentido humano. Ya que físicamente no hay manera de que alguien regrese al vientre de su madre y vuelva a nacer. Pero el Señor Jesús estaba hablando del nuevo nacimiento, que es el del agua y del Espíritu Santo.
El Señor Jesús le dijo: —Nicodemo, de cierto te digo, que el que no naciera del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el Reino de Dios. (Juan 3:5). ¿Qué significado tiene esto? Nacer del agua, es nacer de la Palabra de Dios, ya que el agua nos purifica, nos lava, nos limpia, purifica nuestros pensamientos, ella nos da vida y nos fortalece. Es aceptar y convertirse de todo corazón a la Palabra de Dios, es seguirla y practicarla, sin reservas. Y tiene que ver con el bautismo en las aguas.
Solo aquellos que nacieron de nuevo, son capaces de poner en practica la Palabra de Dios, de seguir la orientación del Señor Jesús, porque el hombre natural, que no nació de Dios, de ninguna manera comprende las cosas que provienen del Espíritu. El hombre natural de ninguna manera acepta sacrificar, renunciar, perder para ganar, dar para recibir, él no acepta las cosas espirituales, porque él no las comprende, pues su naturaleza es natural y carnal. Es necesario mencionar que las conquistas materiales son importantes, pero no olvidemos que ellas pasan, pero las conquistas espirituales son eternas. Es por esto la importancia de nacer de nuevo.
Si la persona no busca tener un encuentro con Dios, aquel espíritu maligno que salió de su vida, vuelve al cuerpo de la persona. Es así que se vuelve a la misma vida de antes e incluso muchas veces hasta peor. Satanás lo que quiere es destruir el alma, por lo que él siempre está buscando un cuerpo para entrar y destruir aquella vida. Tener un Encuentro con Dios es lo que garantiza la transformación de vida, la liberación permanente y la salvación eterna. Nicodemo después comprendió que era necesario nacer de la Palabra, y del Espíritu Santo para que él pudiera entrar en el Reino de Dios.
Cuando la persona se convierte a la Palabra de Dios, entonces ella está lista para recibir el Espíritu Santo. Después de su nuevo nacimiento Satanás nunca más puede entrar en su vida. Si usted quiere que el mal nunca más entre en su vida, quiere tranquilidad y paz, el paso que hay que dar es entregarse de cuerpo, alma y espíritu en las manos de Dios, es nacer del agua y del espíritu. Para nacer de nuevo la decisión esta en uno mismo. Hay que estar dispuesto a sacrificar, a pagar el precio que es la renuncia y asumir la fe en el Señor Jesús. Si usted busca en primer lugar el Reino de Dios y su justicia todas las cosas le serán añadidas. Dios los bendiga.
Obispo Paulo Roberto.
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Había un maestro que contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma…
— Maestro, —lo encaró uno de ellos una tarde. —Tú nos cuentas las parábolas pero no nos explicas su significado…
— Pido perdón por eso. —Se disculpó el maestro con el alumno. —Permíteme que en señal de reparación te convide a comer un rico durazno.
— Gracias maestro. —Respondió halagado el discípulo.
— Quisiera, para agradarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?
— Sí. Muchas gracias. —Dijo el discípulo.
— ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano un cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo comértelo?…
— Me encantaría… Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro…
— No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte…
— Permíteme que te lo mastique antes de dártelo…
— No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! Se quejó, sorprendido el discípulo.
El maestro hizo una pausa y dijo: — Si yo les explicara el sentido de cada parábola… Sería como darles a comer una fruta masticada.
El Señor Jesús, nos enseña a través de muchas parábolas. Enseñanzas que ratan de nuestra relación con Dios, tienen significado espiritual y eterno. Además nos ayudan a meditar en lo que el Espíritu Santo nos quiere enseñar y para poder comprenderlas es necesario estar en espíritu.
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En la vida siempre van a existir situaciones dificiles, se presentarán obstáculos, problemas, barreras, trabas, etc. Es en esos momentos donde muchas personas terminan desanimándose, pierden la fe, comienzan a creer que Dios no las escucha más, que Él las ha abandonado.
Mientras que unas personas culpan a Dios por su sufrimiento, existen otras, que por igual se encuentran pasando por dificultades, pero ellas en lugar de culpar al Señor, miran las dificultades como una oportunidad para manifestar su fe y así conquistar.
Si usted quiere mantenerse en la fe, entonces es necesario que use su fe inteligente o racional, la cual no le dejará ser influenciado por las circunstancias que está viviendo, sino que le ayudara a mantener su mirada y su pensamiento solo en Dios, le mostrará que para vencer cada adversidad de la vida, debe apoyarse en Su Palabra que dice: “porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”. (1 Juan 5:4).
Quien tiene su vida, en las manos de Dios, es con seguridad que aún enfrentando problemas, los vencerá, porque Dios es fiel para aquel que se mantiene en la fe, Él nunca desampara a sus hijos, aunque en medio a las dificultades parezca todo lo contrario. Es por eso la importancia de vivir apoyados en Dios, pues en los momentos difíciles Él es el único que nos fortalece y nos muestra el camino a la victoria.
Es en los momentos de adversidad donde tenemos que usar la fe, ponerla en acción, demostrarle a Dios que nuestra confianza está en Él. Si usted quiere mantenerse firme en los momentos difíciles de su vida y no desanimarse, entonces tome como prioridad el buscar nacer de nuevo y recibir el Espíritu Santo. No viva más por las emociones o los sentimientos negativos, use la fe con inteligencia, que es una fe racional, porque este es el único camino que le llevará a una vida victoriosa.
No podemos mirar para las perdidas o los fracasos que hemos tenido, por el contrario hay que seguir en la fe, confiar en Dios, en que Él transformará aquella situación que estamos pasando. Si usted se mantiene en la fe, tenga la seguridad de que todo lo que un día perdió, recuperará mucho más, sus fracasos se convertirán en conquistas, porque con Dios nunca perdemos, ya que Él siempre nos guiará hacia un camino de victoria.
Dios los bendiga.
Obispo Paulo Roberto.
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